AMOR TARDIU

Ahí va él. Es domingo, pero podría ser cualquier día, de cualquier mes.
Espalda encorva, cachava en mano, pasucos cortos y arrastrando suela.
Inviernu o veranu pantalón de pana, en su cabeza, algo parecidu a una boina y en su temblorosa mano una flor.
Llega a su vieju banco y se deja caer. Descansa mano sobre mano encima de su cachava y dirige la vista hacia el horizonte, después cierra los ojucos y, permite al sol que penetre por cada surcu de su piel arruga...y sueña.
Soñando pasa el tiempo. Se levanta y se va.
Él se va...llega ella, también bastón en mano, también pasucos cortos, pero no arrastrando suela.
En una rendija de la madera del bancu, encuentra una flor.
Flor que ella espera. Una sonrisuca fluye de sus agrietados y secos labios y unos colores ruborizan su mejilla.
Así, día si, día no.
Hoy, el día esta triste y gris. Hoy el bancu está solu, vaciu. Hoy no hay una flor.
La flor, marchita, descansa desde ayer, en un rincón de una fría lapida del vieju cementerio.
El Angelote sello un tardíu amor, con una lagrima de ella y de él, una marchita flor.

Chary Cuevas
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